![]() |
||||
Sangre de dragón. Claudia,una doctora de 40 años, reticente a las relaciones cercanas tras un matrimonio frustrado, encuentra a Henry, un hombre con quien puede tener la clase de relación libre y fácil que es lo que exactamente pretende. En el proceso descubre su forma real de ser, y cuando Henry muere tras una absurda pelea con unos adolescentes, reflexiona sobre el tiempo que pasaron juntos con su vida entera como telón de fondo, con la gélida precisión disectiva de un cirujano. La fría narración analítica es en si misma motivo de atención; los resultados del análisis lo son aún más. La mujer ve que ha sido engañada por la vida, y pronto conformará algo positivo a partir de su situación, describiendo cómo ésta le da una coraza contra los peligros de ser dañada de nuevo. Se hace progresivamente evidente que esto representa la erosión o destrucción de toda sustancia humana y que es, al mismo tiempo, una condición de trivialidad miserable que uno se siente inclinado a aceptar como mero lugar común. Esto es lo que hace a esta prosa tan impactante. Como toda buena escritura, este texto puede ser leído de diferentes formas. Perder la habilidad de desarrollar relaciones auténticas y profundas con otras personas es, en el caso de la doctora, aparentemente un error de la sociedad, y la política. Los primeros y únicos vínculos emocionales de esa naturaleza incondicional inherente en toda amistad ideal, que ella experimentó en sus días de colegio, fueron aplastados en su día con un vigor ciertamente Estalinista, y el dolor por ello nunca se fue. El texto permite ciertamente interpretar que el subsiguiente derrumbamiento de afectividad vivido tiene su raíz en aquella experiencia. Christoph Hein persigue cuestiones fundamentales de la existencia. El tema de la revolución, salvación y destrucción de la humanidad, es uno de ellos. |
||||
| Volver | ||||